Publicado en Arte Secreto

Anglada Camarasa, el pintor de la Belle Époque

Detalle de ‘Sonia de Klamery (echada)’, de Hermen Anglada Camarasa | © Museo Reina Sofía

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A los lectores menos familiarizados con el mundo del arte, seguramente el nombre de Hermen Anglada Camarasa no les sugiera gran cosa. Sin embargo, este pintor barcelonés nacido en 1871 fue uno de los artistas españoles más apreciados y exitosos en todo el mundo a comienzos de siglo XX.

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Aunque se sintió atraído por la pintura desde que era un niño –su padre era un artista amateur, amante de las acuarelas–, parte de su familia intentó impedir que siguiera una carrera artística. Por suerte, cuando cumplió los quince años su madre accedió al fin a que ingresara como alumno en la Escuela de la Llotja, donde tuvo como maestro al artista Modest Urgell.

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En aquellos primeros años su producción se mantuvo dentro de un estilo cercano al academicismo de su mentor, algo que cambiaría de forma radical tras su marcha a París en 1894. Una vez en la capital francesa, Hermen comenzó a acudir a las clases de la Académie Julian durante el día, y a la Académie Colarossi durante la noche.

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Los primeros años el joven Anglada Camarasa vivió algunos momentos de penurias económicas, a pesar de que contaba con la ayuda de un familiar que también vivía en París, pero fue entonces cuando comenzó a surgir su estilo propio.

En las clases nocturnas de la academia Colarossi conoció al artista peruano Carlos Baca-Flor, y gracias a él se adentró en los círculos artísticos más modernos de la ciudad del Sena, al mismo tiempo que descubría la deslumbrante y seductora vida nocturna de París, con sus cabarets, sus cafés y sus espectáculos.

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Desde ese instante, rodeado por simbolistas y neoimpresionistas, Hermen comenzó a realizar obras en las que retrataba con maestría las desenfrenadas noches parisinas de la Belle Époque, plagadas de mujeres sensuales –que él representó como figuras vaporosas y etéreas– y al mismo tiempo “peligrosas”, siguiendo el arquetipo de la femme fatale.

En esta época sus pinturas ya destacan por el uso de un cromatismo muy particular, similar al que empleaban los nabis, y su capacidad para recrear la atmósfera nocturna de los locales parisinos, iluminados por la luz eléctrica que había sustituido a los tradicionales faroles de gas.

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Cuando arranca el nuevo siglo, Anglada Camarasa es ya una figura respetada y admirada en el ambiente artístico parisino, cuyas obras despiertan el interés de coleccionistas como el compositor René de Castéra. Fue precisamente el músico quien le introdujo en círculos de la burguesía parisina, consiguiéndole numerosas ventas.

‘Le paon blanc’ (1904), de Anglada Camarasa | © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Sin embargo, fue a raíz de varias exposiciones –una de ellas en Barcelona–, cuando su nombre comenzó a despegar y alcanzó renombre internacional. En los primeros años del nuevo siglo, Camarasa expuso en todas las ciudades europeas de prestigio artístico: París, Londres, Roma, Bruselas, Berlín, Múnich…

Curiosamente, en medio de aquel éxito indiscutible, Hermen dio un giro de 180 grados a su carrera. Tras un viaje a Valencia en 1904, el artista catalán quedó fascinado por el folclore mediterráneo, y en especial por sus mujeres y las vestimentas tradicionales. Fue así como dejó atrás sus escenas del París nocturno, adentrándose en una nueva etapa dominada por esta nueva temática, que se caracteriza por una gran carga decorativa y un fuerte cromatismo.

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De nuevo en París, unos años más tarde se produjo otro hecho de gran importancia para la evolución de su estilo: la llegada en 1909 del ballet ruso de Diáguilev cautivó toda su atención, y sus lienzos de la época reflejan el colorido de sus vestuarios y escenografías, al tiempo que recogen el que sería otro de sus temas fetiche: la representación de la danza.

El estallido de la Primera Guerra Mundial supuso otro punto de inflexión en su carrera. Con media Europa desangrándose a causa de la contienda, y la pujanza de las nuevas vanguardias en pleno auge, su obra quedó relegada a un segundo plano en el continente, aunque no sucedió lo mismo en América.

Allí su producción atrajo el interés de Archer Huntington, fundador de la Hispanic Society de Nueva York, y valedor de la obra de otros dos artistas españoles: Sorolla y Zuloaga. Al mismo tiempo, en países como Argentina su obra también vivía un gran momento, gracias a la difusión que hicieron de la misma algunos de los alumnos sudamericanos que tuvo mientras fue profesor en la Academia Vitti de París.

‘Llegada de la romería del arroz’ | © Museo Reina Sofía

Al finalizar la Gran Guerra Hermen se estableció en Mallorca, concretamente en Port de Pollença, y allí disfrutó de unos años de retiro hasta mediados de los años 20. Para entonces sus lienzos se habían visto invadidos ya de paisajes mallorquines, aunque manteniendo su cromatismo y pinceladas características.

En aquellos años su obra volvió a vivir un repunte de interés en Estados Unidos, con exposiciones itinerantes en Nueva York, Chicago, Washington, Los Ángeles y San Francisco, y poco después –en 1930– se celebraron sendas muestras en Inglaterra, concretamente en Liverpool y Londres. Pese a todo, en la nueva década su fama comenzó a apagarse lentamente, incapaz de competir con los nuevos gustos y tendencias de vanguardia.

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Cuando estalla la Guerra Civil española Anglada Camarasa –republicano y masón– se encuentra en Barcelona, pero tras el avance y definitiva victoria de las tropas franquista se vio obligado a exiliarse en Francia. Regresó a España en 1948, y se estableció de nuevo en Port de Pollença, donde moriría en 1959. Para entonces su fama se había desvanecido en gran medida, y tuvieron que pasar varias décadas para que su figura fuera recuperada.

Fuente que utilizo:   http://es.noticias.yahoo.com

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Autor:

Trato hoy desatando y doy la amargura feliz al prójimo, en la vida que ya viví en la soledad amamantada, no hay un gramo de color no vivido,el que yo quiero, lo otro es el orgullo de nuestras naciones, que nos impulsan denostados, al vergel del paraíso, una y otra vez lo juro; pero no me lleves la contraria, cuando se te ven los ojos rubillos, de querer lo que no se puede, de hecho lo conseguido me deja vivir bien, y sentir el cariño del país y sus vienes raíces, estoy bien ,esto no es poco ,lo que vamos viendo... José María Medina Esteban

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