Publicado en Oxfam Intermón/Solidaridad/Guerras

Estuvimos 10 días escondidos en una Isla del Nilo comiendo raíces

SOLIDARIDAD CONFLICTO ÉTNICO EN SUDÁN DEL SUR

‘Estuvimos 10 días escondidos en una isla del Nilo comiendo raíces’

**Los desplazados de Sudán del Sur viven en una situación desesperada

**Oxfam Intermón trabaja con los refugiados en los campos de Mingkaman y el de Juba

Mary Abey, embarazada de ocho meses, permaneció tres días con el agua al cuello. No, no se trata de una forma de hablar ni de una mera frase hecha, sino de la cruda realidad en Sudán del Sur. Mary Abey estuvo 72 horas sepultada bajo el agua, escondida detrás de los juncos, para huir de los combates entre los dinka y los nuer.

Mary Bol tuvo que pasar por el mismo calvario y permaneció varios días escondida en una isla del Nilo. Ella no llevaba un bebé en su vientre, sino que tuvo que acarrear con seis niños desde Bor hasta el campo de refugiados de Mingkaman, donde se asientan más de 100.000 personas que huyen de las matanzas.

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“Estuvimos viviendo 10 días en una isla del río Nilo y los niños no tenían nada para comer. Empezamos a comernos las raíces de las cañas y se las dimos a los niños, que se las comían bien porque eran dulces. Huimos con la ropa puesta y todas nuestras pertenencias, colchones, mantas y utensilios de cocina se quedaron atrás”, relata Bol a los miembros de la ONG Oxfam Intermón, que trabaja sobre el terreno en Sudán del Sur.

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Cruzar en barca desde Bor, zona caliente de los ataques, hasta un lugar seguro al otro lado del río Nilo se ha convertido en un salvaconducto hacia la redención, en un pasaporte por el que los desplazados pagan fuertes sumas de dinero. Como Mary, cada día llegan entre 500 y 1.000 personas al campo de refugiados de Mingkaman, en el estado de Lakes, en busca de unas migajas de alimentos y una ración de paz.

No es un campamento al uso, sino que se trata de unos terrenos donde se han instalado algunas tiendas o se han repartido plásticos para construir cabañas a modo de viviendas. “Las personas cruzan el río y llegan a esta explanada donde sólo hay árboles. Vienen sin nada, ni tan siquiera cacerolas ni morteros para poder cocinar. Hay gente que ha estado tres meses con la misma ropa. Ahora comienza la temporada de lluvias y la situación puede empeorar porque el terreno no tiene desnivel y se inunda con facilidad”, declara Pablo Tosco, miembro de Oxfam Intermón, que acaba de regresar del país.

El director de la ONG en Sudán del Sur, Ferran Puig, lleva residiendo en el país desde que declaró su independencia en 2011 convirtiéndose en el estado soberano más joven del mundo. “Era un país que prometía mucho y que todo el mundo había puesto mucha ilusión en él. Lo que empezó como un conflicto político se ha convertido en una guerra étnica y la violencia está destruyendo todo ese proyecto”, afirma a través del hilo telefónico.

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El conflicto en Sudán del Sur se desató en diciembre de 2013, fruto de las luchas intestinas por el poder entre el presidente, Salva Kiir, de la etnia dinka (mayoritaria en el país) y el vicepresidente Riek Machar, perteneciente a la etnia nuer. Kiir fue acaparando el poder y destituyó a Marchar, lo que desató una oleada de violencia entre las dos etnias, que en su día habían luchado juntas para conseguir la independencia. Ambos enemigos irreconciliables firmaron el pasado viernes un alto el fuego en Adis Abeba (Etiopía), aunque está por ver que el acuerdo sea respetado.

Matha Nyandit, otra de las desplazadas en Mingkaman. Pablo Tosco

Desde su experiencia sobre el terreno, Puig explica cómo se está desarrollando el cruento conflicto: “La población que se encuentra en una zona donde no es dominante se ve sometida al ataque de los otros y empieza una persecución a los civiles. En Juba, por ejemplo, los nuer son perseguidos por la mayoría dinka, e igual pasa en otras ciudades como Bor. En cambio, en otras zonas donde la mayoría es nuer, la persecución llega a los dinka. Por eso, muchos civiles buscan refugio en estos centros que Naciones Unidas que tiene repartidos por todo el país”.

Las cifras son escalofriantes. Casi un millón de personas desplazadas que han abandonado su hogar, más de un millón de niños menores de 5 años que necesitan alimentos para junio y siete millones de personas en riesgo de inseguridad alimentaria a finales de año.

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Con la llegada de las lluvias, es urgente que los desplazados puedan conseguir tierras para poder cultivar alimentos

Desde Oxfam Intermón están trabajando en Sudán del Sur para distribuir la ayuda alimentaria en el campo de refugiados de Mingkaman y en el de Juba, donde se encuentra el campo de las Naciones Unidas. Allí reparten alimentos como sorgo, lentejas, aceite y sal, un kit básico para la supervivencia.

La situación es insostenible porque con la llegada de las lluvias será bastante difícil repartir la comida en un país que apenas cuenta con infraestructuras. “Además, el reparto de la ayuda no puede ser eterno y esta gente no tiene acceso a la tierra. Si no conseguimos que planten pronto, en seis meses no habrá cosechas ni alimentos. Estamos negociando con el Gobierno para que nos ceda tierra y poder empezar a cultivar”, asevera Puig.

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Algunas historias tienen final feliz como la de Mary Abey, que logró dar a luz a salvo a su hijo en el campo de refugiados. Mientras tanto Mary Bol ve pasar los días en Mingkaman. Con su bebé colgado del pecho, relata su frustración al no poder valerse por sí misma y su desesperación ante un futuro arrebatado: “Cuando vivía en Bor podía mantenerme yo misma, pero aquí no puedo hacer nada. Solía limpiar oficinas. Además tenía un terreno donde podía cultivar a la orilla del río y era una fuente de ingresos para mi familia”. Y, a continuación, concluye: “Esto es un descampado, no un hogar”.

Fuente que utilizo:  http://www.elmundo.es

Autor:

Trato hoy desatando y doy la amargura feliz al prójimo, en la vida que ya viví en la soledad amamantada, no hay un gramo de color no vivido,el que yo quiero, lo otro es el orgullo de nuestras naciones, que nos impulsan denostados, al vergel del paraíso, una y otra vez lo juro; pero no me lleves la contraria, cuando se te ven los ojos rubillos, de querer lo que no se puede, de hecho lo conseguido me deja vivir bien, y sentir el cariño del país y sus vienes raíces, estoy bien ,esto no es poco ,lo que vamos viendo... José María Medina Esteban

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