Publicado en Aperturas Psicoanalíticas

Verdades biográficas y sus consecuencias clínicas: entender los “recuerdos encarnados” en un tercer psicoanálisis a …

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Verdades biográficas y sus consecuencias clínicas: entender los “recuerdos encarnados” en un tercer psicoanálisis a una paciente traumatizada recuperada de Poliomielitis severa (Leuzinger-Bohleber, Marianne)

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Publicado en la revista nº046

Autor: Díaz-Benjumea, María Dolores J.

Leuzinger-Bohleber, Marianne (2008) Biographical Truths and Their Clinical Consequences: Understanding “Embodied Memories” in a Third Psychoanalysis with a Traumatized Patient Recovered from Severe Poliomyelitis, Int. J. Psycho-Anal., 89:1165-1187.

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La publicación en 1982 del libro de Spence Verdad narrativa y verdad histórica fue clave para un giro paulatino en el psicoanálisis, desde concebir el trabajo clínico basado fundamentalmente en la reconstrucción histórica hacia el énfasis en el trabajo con el análisis de los procesos de transferencia-contratransferencia. Desde la nueva perspectiva, basada en investigaciones desde la psicología cognitiva, se concibe la memoria como en continuo proceso de reconstrucción por el sujeto, reconstrucción que depende del contexto interactivo en que los recuerdos se activan y, por tanto, nada fiel a los hechos originales. La reconstrucción histórica pasa a verse como un objetivo imposible. En los relatos clínicos en que se han atribuido efectos clínicos a esta técnica, se llega a considerar que era más bien por sugestión que porque se debiera a una verdadera “reconstrucción”.

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Leuzinger-Bohleber plantea aquí una nueva visión de la relación entre verdad histórica y verdad narrativa, que rompe con ésta que predomina en un amplio sector del psicoanálisis actual, representado entre otros muchos por autores como Fonagy y Target, de quienes ella cita una sentencia contundente “…si hay verdad histórica y realidad histórica no es nuestro asunto como psicoanalistas o terapeutas…” (1165). La autora considera que este viraje ha sido excesivo, especialmente en los casos de trauma severo, en los que es muy importante aproximarse a lo que ocurrió en realidad. Alude a datos de una investigación con pacientes traumatizados que recibieron psicoterapia y después fueron preguntados sobre ésta, en la cual gran parte de estos pacientes decían que conectar sus síntomas psicosomáticos con los hechos traumáticos originales fue indispensable para su recuperación y para aceptar su pasado como parte de su vida.

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En su artículo, se centra en un tipo específico de trauma, el sufrido por enfermedades físicas graves en la infancia, en concreto la enfermedad de la polio. Aporta un relato pormenorizado de una paciente para mostrar su propuesta teórica y clínica. Es el caso de una mujer que acudió a ella para un tercer análisis, que habiendo obtenido buenos resultados en los dos anteriores, sin embargo no habían llegado a modificarse sus graves síntomas disociativos, que tenían que ver con el padecimiento en la niñez de esta enfermedad. La autora mostrará que fue necesario conectar estos síntomas con recuerdos concretos y detallados de las situaciones traumáticas, para conseguir integrar las vivencias en su biografía subjetiva y en su sentimiento de sí misma.

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La autora aporta el concepto de “trauma encarnado”, para referirse a que el trauma se expresa en el cuerpo, resaltando que su significado no se limita al más general de memoria procedimental. El trauma encarnado se refiere a que el paciente traumatizado, en la situación analítica siente afectos, fantasías y sensaciones corporales que se ajustan a lo que sintió originalmente en la situación traumática, estados cuya intensidad no se corresponde con la situación presente de la relación con el analista. Para ella, no hay resultado terapéutico si no se identifica concretamente los estímulos presentes que tienen para el paciente una similitud o analogía con los originales del pasado, y que desencadenan así los “recuerdos encarnados” de las experiencias traumáticas.

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Los argumentos de Leuzinger-Bohleber sitúan la oposición entre memoria narrativa y memoria histórica bajo una distinta perspectiva. Sostiene que se han transferido directamente resultados de la investigación de la memoria a la comprensión de la técnica del tratamiento psicoanalítico, y esto es un error. Estos estudios mostraron que la memoria declarativa, con sus áreas cerebrales responsables de su función, sólo se desarrolla plenamente a los 4 años. De ahí que autores como Fonagy y Target sostengan que sólo se pueden tener recuerdos explícitos declarativos de lo vivido a partir de esta edad y, por tanto, que las experiencias tempranas no pueden hacerse accesibles o conscientes en la psicoterapia. La alternativa de estos autores es trabajar con la memoria procedimental, observando el aquí y ahora de la transferencia, para llegar a comprender el significado de los síntomas traumáticos.

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Pero para la autora, procedimental frente a declarativo son categorías descriptivas de la memoria a largo plazo, que describen funciones de la memoria observables a partir de cierta edad, pero el hecho de que sólo se observen recuerdos declarativos a partir de los 4 años no significa que un niño no pueda haber tenido anteriormente experiencias que marquen su cerebro de cierta manera, y tampoco significa que de pronto a los 4 años la memoria alcance una fase concreta de desarrollo. Sostiene que estas dos categorías claramente distinguibles de memoria -declarativa y procedimental- no implican fases de desarrollo igualmente distinguibles.

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Propone, basándose en Edelman además de otros autores de la neurociencia, concebir la memoria como una función del organismo en su conjunto, un proceso dinámico, interactivo, en el que participa todo el cuerpo. Por tanto, la memoria humana es siempre encarnada. Esto significa que no es sólo -ni es siempre- verbal, sino que la memoria es un acoplamiento entre lo sensorial y lo motor.

Ella nos trae un ejemplo: cuando cogemos un vaso, hay una estimulación táctil a través del contacto con los dedos, visual si está dentro del campo visual, y propioceptivo porque sentimos su peso. Así, la interacción con el entorno nos induce patrones de estimulación que implican diferentes modalidades. Estos patrones contienen estructuras de información en las cuales se acoplan las huellas de los distintos sentidos. A nivel cerebral, se crean mapas neurales que están grabados en los sistemas sensoriomotores del organismo. En la definición de Clansey, citada por la autora, la memoria es la “capacidad de organizar procesos neurológicos de tal modo que coordinen-y por tanto categoricen-procesos sensoriales y motores en un modo análogo a las situaciones primeras” (1173)[1]. Me parece importante aclarar en este punto que, aunque en el ejemplo los mapas neurales estimulados y la grabación en el sistema sensoriomotor son emocionalmente neutros, a partir de ahora la autora utiliza el concepto de “organización sensoriomotora” para referirse a la huella mnésica de la estimulación organizada de distintos canales perceptivos unificados en un patrón, incluyendo reacciones emocionales. Esto es clave, porque el concepto de sensoriomotor tiene para nosotros connotaciones de su original significado piagetiano, en el cual lo emocional no estaba incluido. No es así en la concepción que maneja Leuzinger-Bohleber en este artículo, por lo cual lo recordaré en adelante cuando vuelva a referirse.

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¿Qué aporta esta visión a la relación entre la verdad narrativa y la verdad histórica? Para ella la memoria es constructiva, pero esa construcción no es arbitraria. En el aquí y ahora de una situación, como lo es la situación interactiva paciente-analista, se producen hechos que el sujeto percibe y asocia, por analogía, con situaciones anteriores que produjeron patrones sensoriomotores (que incluyen reacciones emocionales) similares a los que estimula la situación presente. La parte objetiva, no arbitraria, es la estimulación sensorial, que produce los estados sensoriomotores que emanan de mapas neurales inscritos en el organismo; estos son procesos físicos, medibles al menos teóricamente. La parte subjetiva consiste en que la estimulación física es siempre interpretada de una determinada manera, dependiendo de la historia individual.De ahí que los recuerdos sean por un lado constructivos-se construyen por interpretación del momento interactivo presente-y por otro lado están condicionados por la verdad histórica. O sea, los procesos se constituyeron en primer lugar al enfrentar una situación traumática, y estos procesos constriñen a partir de ahí la recategorización de la situaciones análogas posteriores, al ser relacionadas con el trauma original.

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“Metafóricamente podríamos por tanto postular que la memoria está siempre basada en narrativas nuevas e idiosincráticas que tienen lugar en situaciones interactivas presentes, pero al mismo tiempo contienen huellas de la `verdad histórica´.” (1173)

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Esta concepción de la memoria sostiene la propuesta clínica de su artículo: para producir cambios estructurales en las reacciones corporales, las emociones, las fantasías, es esencial que el paciente entienda la forma precisa de analogía entre una situación interactiva presente y la original traumática. De ahí que

“Analizar los recuerdos encarnados significa analizar las coordinaciones sensoriomotoras específicas en una situación interactiva muy específica, incluyendo la comprensión de las analogías precisas con la situación (traumática) original”. (1174)

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Por tanto, antes de los 4 años, pueden marcar el organismo experiencias traumáticas que después se recuerden en forma de reacciones corporales (patrones sensoriomotores, que incluyen reacciones emocionales). Los recuerdos biográficos son reescritos una y otra vez, pero en todas estas reescrituras se conserva el núcleo de lo que fue la reacción original, histórica. En los pacientes que han sufrido traumas tempranos, decodificar las reacciones que tienen en el contexto de la relación terapéutica es esencial para disminuir la influencia de la traumatización pasada.

Expongo ahora al caso clínico que la autora narra con…(..)

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Fuente:   http://www.aperturas.org

Autor:

Trato hoy desatando y doy la amargura feliz al prójimo, en la vida que ya viví en la soledad amamantada, no hay un gramo de color no vivido,el que yo quiero, lo otro es el orgullo de nuestras naciones, que nos impulsan denostados, al vergel del paraíso, una y otra vez lo juro; pero no me lleves la contraria, cuando se te ven los ojos rubillos, de querer lo que no se puede, de hecho lo conseguido me deja vivir bien, y sentir el cariño del país y sus vienes raíces, estoy bien ,esto no es poco ,lo que vamos viendo... José María Medina Esteban

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