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PRIMERA GUERRA MUNDIAL

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PRIMERA GUERRA MUNDIAL

_______________100 años . 1914-2014________________

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3. LA GRAN GUERRA La guerra moderna

Aviones, submarinos y palomas mensajeras

CARLOS TORO

Aunque en la contienda seguían presentes las bayonetas, los caballos e incluso las palomas mensajeras, se sentaron las bases técnicas y estratégicas para posteriores conflictos

La Primera Guerra Mundial fue también la primera moderna en muchos sentidos. Abarcó la tierra, el mar y el aire, en una colaboración múltiple, enfocada a un resultado único. Puso al servicio del diseño, la construcción y producción de armamento los avances tecnológicos, la capacidad industrial, los desarrollados sistemas de transporte(especialmente el ferrocarril) y los novedosos de comunicaciones. Aunque en su despliegue seguían presentes las bayonetas, los caballos e incluso las palomas mensajeras, se sentaron las bases técnicas y estratégicas para posteriores conflictos.

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El avión, a pesar de hallarse en sus balbuceos, se estrenó como plataforma de reconocimiento; una aplicación que se revelaría fundamental en guerras futuras a fin de conocer las posiciones del enemigo y dirigir los movimientos de las tropas propias. Y, puesto que el reconocimiento sólo podía efectuarse con la máxima eficacia sin la oposición de la aviación adversaria, el dominio del aire a través del combate aéreo y de la destrucción de los aeródromos enemigos se convirtió en adelante en una premisa estratégica. Se establecieron maniobras de combate que, incluso con el inmenso avance de la aviación, permanecen vigentes como movimientos básicos de aparatos y pilotos. Así, por ejemplo, el ‘giro Immelmann’, en homenaje a su inventor, el as alemán Max Immelmann.

CAÑONES

Sumario

Cañones serbios interceptados por tropas austriacas. | Biblioteca de Congreso de EEUU

La artillería fue, si cabe usar este término en tal tragedia, la estrella de la guerra y el máximo exponente de, por así decirlo, la modernidad bélica

El arma submarina sentó las bases técnicas y tácticas de su importancia creciente hasta nuestros días como herramienta bélica de máxima eficacia en razón de su naturaleza sigilosa y su capacidad destructiva. Incluso el gas, profusamente empleado y universalmente temido, aunque su incidencia en el porcentaje de bajas fuera pequeña, podría ser considerado lo que hoy llamamos «arma de destrucción masiva». Aunque rudimentarios, los tanques aventuraron su utilidad futura.

Pero la artillería fue, si cabe usar este término en el seno de una tragedia, la estrella de la guerra y el máximo exponente de, por así decirlo, la modernidad bélica. Las capacidades técnicas e industriales produjeron cañones de gran complejidad mecánica y de todos los calibres, algunos monstruosos, con su correspondiente munición. Fueron empleados con gran eficacia merced a avances plenamente ‘actuales’ como las fotografías aéreas, el trazado de mapas y las observaciones meteorológicas. El alcance de las piezas permitía matar (y ser matado) a considerable distancia, sin ver al enemigo.

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Sin embargo, a comienzos del siglo XX, en el apogeo de la ciencia y el humanismo redentores, el mundo se gustaba a sí mismo y se enorgullecía de sus logros. En sus inicios o en su despliegue, el cambio tecnológico era brutal, acelerado y fascinante: la electricidad, el teléfono, el cinematógrafo, el automóvil, al aeroplano…

La segunda revolución industrial proporcionaba a los países punteros unos colosales, desconocidos medios de producción que surtían a las sociedades propias y a sus apéndices coloniales de poderosos instrumentos de progreso y bienestar. La arquitectura, la ingeniería, las comunicaciones experimentaban un gigantesco salto cualitativo que permitía la construcción de grandes estructuras y el florecimiento del comercio internacional.

No era de temer una guerra. La creación del Tribunal de La Haya, concebido para arbitrar posibles conflictos, aseguraba la paz. La guerra, instrumento frecuente de tiempos antiguos y bárbaros, quedaba desterrada. Otros dos jinetes del Apocalipsis, la peste y el hambre, también, merced al desarrollo de las vacunas y al incremento de la producción agrícola gracias a las nuevas técnicas de cultivo. La ampliación de los sistemas de transporte garantizaba el acceso masivo a los bienes de consumo. Casi todos los políticos eran pacifistas; y casi todos los reyes, parientes. Las economías de las naciones civilizadas se hallaban tan interrelacionadas en el seno glorioso del librecambismo, que la idea de un conflicto armado resultaba impensable en medio, por otra parte, de nuevas conquistas sociales.

Título de la foto

La Gran Flota Británica en la Batalla de Jutlandia.

Pero cuando estalló, encendida la mecha en Sarajevo en un contencioso entre Serbia y Austria, no hizo otra cosa que responder a una serie de tensiones larvadas, intereses contrapuestos, enquistadas apetencias territoriales, distribuciones poblacionales y étnicas que implicaban fronteras humanas más que geográficas, relaciones inestables, rencores históricos, desconfianzas a múltiples bandas y distribuciones de piezas incompatibles con la paz en el tablero europeo y sus proyecciones ultramarinas. Bajo su fachada amable, el continente, incluidos el imperio Otomano y la inmensa Rusia euroasiáticos, era un polvorín esperando que alguien le arrimase una brasa. El incendio se propagó vorazmente y el mundo descubrió horrorizado el poder de las nuevas armas como «insuperables» elementos de destrucción.

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anapixelNaturalmente, al compás de los avances tecnológicos a través de los cuales se expresan y definen,  las armas y las guerras han cambiado de modo inimaginable en un mundo que, incluso en el presente, se antoja futurista. Se han perfeccionado los elementos existentes y han nacido otros. También han desaparecido algunos, como los propios cañones en sus dimensiones más aparatosas y en el concepto de «tormenta de fuego y hierro». Igualmente los acorazados, mastodontes densamente artillados, sustituidos por unidades más rápidas, ligeras, maniobrables y polivalentes. Desde 1914 hemos conocido la energía nuclear, los reactores, los portaaviones, los helicópteros, los misiles de todo tipo, los radares, las ‘bombas inteligentes’, los satélites… Y los ‘drones’, vehículos aéreos no tripulados, de observación (UAVs) o armados (UCAVs).
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Se ha acuñado recientemente el término ‘guerra asimétrica‘ para definir la que implica una gran desproporción de fuerzas y obliga al que posee la mayor al uso de medios limitados en la lucha antiguerrilla, contra el terrorismo, etc. Elprotagonismoaumentativo de los servicios de inteligencia y la actuación de fuerzas especiales caracterizan en gran medida esos y otros conflictos. Y aunque todavía una flecha puede matar y, según los recursos de que disponen los combatientes y el lugar en el que se produce la contienda, siguen vigentes viejas armas y tácticas, la guerra actual es un ‘juego de ordenador’. Pero todo empezó hace un siglo en los campos de Europa.

Fuente:

 

http://www.elmundo.es

Autor:

Trato hoy desatando y doy la amargura feliz al prójimo, en la vida que ya viví en la soledad amamantada, no hay un gramo de color no vivido,el que yo quiero, lo otro es el orgullo de nuestras naciones, que nos impulsan denostados, al vergel del paraíso, una y otra vez lo juro; pero no me lleves la contraria, cuando se te ven los ojos rubillos, de querer lo que no se puede, de hecho lo conseguido me deja vivir bien, y sentir el cariño del país y sus vienes raíces, estoy bien ,esto no es poco ,lo que vamos viendo... José María Medina Esteban

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